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YA NO CUELA

Los expertos

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Pocas palabras hay tan cobardes como “los expertos”. Es intimidante, no por casualidad, sino deliberadamente. Busca agitar nuestra incertidumbre esencial, soterrada, para llevarnos a la aquiescencia y al sometimiento.

El lector, el oyente, sabe que no sabe, y el medio de que se trate busca llevarle de la nariz, como a los bueyes, allí donde pueda interesarle. Uno lee u oye “los expertos” y tiende a capitular ante lo que siga, a renunciar al pensamiento propio e incluso a la duda.

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Por eso funciona mucho mejor sin nombres ni referencias. Si lo segundo es necesario, un organismo de nombre largo e imponente hará el avío, quizá alguna universidad extranjera con cierto halo de infalibilidad científica.

Los expertos son la coartada del político manipulador, del medio tramposo, del charlatán de feria.

Por eso es crucial romper el hechizo, la fascinación de conejo sorprendido por los faros de un coche en la oscuridad: “los expertos” no existen. Existen, sí, expertos; profesionales de uno u otro campo que llevan estudiándolo años y aun décadas, que casi siempre se oponen con furia académica unos a otros. Uno puede repasar, no sé, la lista de los agraciados con el Nobel de Economía -no hay fabricante de expertos más prestigioso que la Academia Sueca- y releer sus previsiones y sus profecías para advertir lo peligroso que es fiarse de “los expertos”. Cada “experto” piensa de las ideas de su rival, no menos experto, como de delirios indignantes.

Si supiésemos qué régimen de vida nos impondrían los ‘expertos’ si tuvieran el poder de hacerlo, se nos helaría la sangre.

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