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YA NO CUELA

La insoportable insistencia

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La incesante propagando ha logrado que, en el imaginario popular, la derecha esté siempre a dos minutos de echarse al monte y dar un cuartelazo, de lanzarse a la calle a sus escuadristas a dar palizas, mientras que la izquierda es esa cosa empática que reparte cuencos de leche entre los gatitos callejeros y mira llorosa a los otros, sin comprender cómo se puede ser tan malvado.

Y es curioso que la imagen se haya sobrepuesto a una realidad en la que los votantes conservadores, cuando pierden, van al día siguiente a sus quehaceres como si tal cosa y, todo lo más, piden dos porras en el desayuno como consuelo, mientras la izquierda se comporta como un insoportable adolescente narcisista al que le han quitado la ‘play’.

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La izquierda tiene que ganar siempre. Es insoportable cuando pierde. Exige que se repita el proceso, grita que ha habido trampa, convoca alertas antifascistas, quema contenedores, copa las calles. La izquierda es una voluntad de poder desnuda en la mente de un histérico sin tolerancia alguna a la frustración.

Acaba de pasar en Gran Bretaña con la arrasadora victoria de ese tipo ridículo al que el pueblo tenía manía y que nadie en su sano juicio podría votar. Pasó con Trump, que durante todo su primer mandato ha gobernado con la espada de Damocles de una ‘trama rusa’ inventada y ahora se enfrenta al ‘impeachment’. Y aquí tenemos a un tipo que por gobernar España no tiene problema en venderla por trozos o arruinarla a niveles venezolanos.