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Intolerancia a la frustración, versión USA

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Dicen los Demócratas americanos, y El País lo recoge en su primera, que “Trump no ha dejado opción” más que la de votar el ‘impeachment’ contra él. Y veo en esta repugnante y escandalosa hipocresía un magnífico colofón a mi columna de ayer: la izquierda, cada vez más, como un adolescente intolerante a la frustración, no soporta perder.

A uno le da la vueltas la cabeza meditando esa frase, “oh, no queríamos, pero no nos ha dejado otra opción”, cuando llevan desde antes de que pusiera un pie en la Casa Blanca tratando de echarle a patadas de ella.

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Fue indecente y descaradamente espiado durante su campaña -algo que saldrá a la luz, y nos vamos a reír todos-, se trató de manipular el colegio electoral para que un número suficiente de delegados no votara por él pese al mandato de los ciudadanos, se forzó el recuento en dos Estados -con carcajeantes resultados-, se organizaron marchas multitudinarias y en ocasiones violentas y se constituyó una investigación federal sobre una supuesta ‘trama rusa’ que duró más de dos años, gastó millones de dólares, imputó a centenares, y concluyó que no se había encontrado nada.

Sí, seguro que “no les ha dejado opción”.

¿Por qué me meto en este berenjenal cuando tenemos uno tan lindo montado en casa? Porque lo que está ocurriendo en Estados Unidos con Trump es paradigmático de lo que sucede en todo Occidente, y lo que salga de allí condicionará lo que se haga en el resto de nuestro mundo.

Los mandarines del pensamiento único tienen un plan para todos nosotros, y durante décadas todo ha ido sobre ruedas. Pero en la aplicación de las últimas fases de ese plan y con el fin del oligopolio informativo de los grandes medios, ha surgido una resistencia por parte del común, todavía amorfa, una mera reacción, una modalidad del instinto de supervivencia civilizacional, que rápidamente se ha condenado con el término ‘populismo’ desde todos los ángulos de poder. Y Trump es la gran pieza a batir en esta partida.

Pero Trump parece tener eso que los árabes llaman ‘baraka’, una suerte endiablada, y sus rivales se parecen cada vez más a Willi Coyote en sus intentos de cazar al correcaminos. Sospecho que este intento de deshacerse del presidente les saldrá también mal, y que las consecuencias electorales de su fracaso serán determinantes.

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