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YA NO CUELA

Franco

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Debo reconocer que he recibido con gran ilusión el globo sonda sobre la penalización de la exaltación del franquismo, y que deseo de todo corazón que la lleven a cabo. Si algo agradezco ya a estas alturas en política es la claridad.

Ya, ya sé que se supone que es un cortina de humo para tapar algún otro asunto que, a su vez, para otros es una cortina de humo para cubrir un tercero, y acabamos con la bonita humareda que es este gobierno de aprendices de brujo.

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Me da igual. A veces, para que tapen bien, las cortinas de humo hay que llevarlas hasta el final, y este sería un final apoteósico. Imaginen escudriñar el Código Penal de 1822 y leer un artículo en el que se disponen penas de cárcel para quien exalte la memoria de Baldomero Espartero.

Una ley penal debe ser general en sus fines y muy específica y clara en su exposición, pero la modernidad se especializa en lo contrario. Y así tenemos ese magnífico modo de eliminar la libertad de expresión con eso que se llama ‘odio’, y que va a consistir exactamente en lo que al Poder le dé la gana. Usted ha dicho esto ‘incitando al odio’; usted, no. Lo sabemos todos, pero es que las libertades desaparecen siempre ante la indiferencia del respetable.