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YA NO CUELA

Estado de excepción

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Quizá nunca sepamos con alguna certeza si todo esto habrá servido o no para algo. Hablo de este confinamiento que está destruyendo metódicamente nuestra economía: como siga bajando, el barril de Brent se va a acabar repartiendo a quien pague los portes.

Pero esto, claro, es un modo de verlo. Quiero decir que aunque no sirva para lo que se supone, achatar la maldita curva y que se acabe la peste, sin duda sirve para otras cosas que es mejor callar. Todos hemos visto y oído, pongo por caso, el célebre vídeo en el que Iglesias, entonces un comunista más de facultad, explicaba cómo las circunstancias excepcionales, que no las urnas, deben ser las que se aprovechen para hacerse con el poder. Bueno, pues más excepcionales es difícil.

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Por lo demás, las normas y excepciones dictadas y cambiadas en veinticuatro horas por el Gobierno parecen las de un mono borracho que las eligiera lanzando dardos sobre una tabla de medidas redactadas por un idiota con inclinaciones surrealistas.

Uno puede sacar al perro, pero se hace culpable de insolidaridad sanitaria si lo lleva demasiado lejos, siendo “demasiado lejos” un concepto jurídico indeterminado que determina la policía o el vecino chivato.

Ahora se pueden llevar a los niños a esos conciliábulos de virus que son los hipermercados. O quizá ya no, no me hagan mirarlo. También al banco, lo que sin duda es muy educativo para la infancia, como enseñaba la clásica Mary Poppins. Por cierto, que tiene cierta gracia vivir en un tiempo en el que se entra en los bancos con la cara tapada y guantes sin levantar sospechas.

Todo menos llevarles al parque, que es lo que quieren y lo que les vendría bien. Vivir alejados del sol y del aire libre, por cierto, nos sienta a todos fatal, pero eso ya es otro asunto.

Los tertulianos de la tele pueden pasar juntos horas a metro y medio de distancia unos de otros, con suerte, pero yo no puedo ir a misa a tres metros del siguiente feligrés porque lo mismo llega un guardia y nos echa por las bravas.

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Y ahora nos dicen unos de esos expertos de todo a cien que no hemos visto nada, que la ola del próximo otoño sí que será la mala. Pues que bien todo, ¿no?