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YA NO CUELA

El piolet de Damocles

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Una de las principales leyes no escritas de la política es no dejar pasar una crisis sin aprovecharla para aumentar el poder, y el Covid ha sido en eso verdadero maná en el desierto. Es para muchos asombroso la docilidad con la que no solo los ciudadanos, sino incluso las instituciones intermedias de la sociedad civil, se han resignado al arresto domiciliario.

Estas décadas pasadas fueron la incesante siembra de homogeneización ideológica, y ahora estamos recogiendo la abundante cosecha. Se están monitorizando las opiniones privadas de ‘desafectos’, con la amenaza de hasta cinco años de cárcel, se publican decretos que permiten expropiaciones de viviendas por las bravas, la policía impide celebraciones católicas contra la letra del propio decreto de alarma. Y no pasa nada y salimos a aplaudir a los balcones.

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El enigma es Pedro. Pedro solo quiere una cosa, y la tiene; quiere posar, quiere la Moncloa, quiere el Falcon. No tiene programa ni ideas, pero se ha arrojado en brazos de quien tiene lo que a él le sobra y también lo que le falta. ¿Cómo no ve la sombra del piolet?